sábado, 15 de septiembre de 2012

LOS CUATRO ELEMENTOS DE LA TIERRA

ESTUDIO DE LOS CUATRO ELEMENTOS DE LA TIERRA (AGUA, AIRE, TIERRA Y FUEGO). 
La Historia nos dice que han pasado muchos siglos desde que el ser humano se dio cuenta de que estaba rodeado de un gran número de elementos naturales, que, con el tiempo, llegarían a ser mágicos y poderosos para la humanidad. 
Los seres humanos hemos alimentado nuestras creencias mágicas desde siempre. Una de las creencias predominantes es que ciertos componentes básicos, llamados elementos, residen en el núcleo de toda creación, y que todas las cosas contienen las propiedades de uno o más de esos elementos. Se cree que cada cosa que existe en la creación tiene un elemento principal que rige o gobierna sus características internas y externas por encima de todos los demás.

Es precipitado considerar a los cuatro elementos en términos puramente físicos; sin embargo, cuando comenzamos a analizar las herramientas tradicionales asociadas a ellos, nos encontramos con cosas que son físicas y parecen ser representativas de los aspectos más profundos de cada elemento.

Al conocer las propiedades elementales de cada objeto y saber cuál es el elemento que lo regía, nuestros antepasados descubrieron que se podían conectar con toda la creación en un nivel íntimo, utilizando esa conexión para ganar conocimiento espiritualmente avanzado y manipular las cosas para trabajar a voluntad. En otras palabras, podían usar los elementos para hacer magia, siempre y cuando no se dañe a nada ni nadie.
Aire, Agua, Fuego y Tierra son los 4 Elementos y se pueden definir como las energías arquetípicas que tienen su efecto en nuestro ser, nuestra conciencia y forma de entender el mundo.
Es interesante notar que existe un paralelismo entre los cuatro elementos y las formas en que la materia puede presentarse:


FUEGO
ENERGIA

AGUA
LIQUIDO

TIERRA
SOLIDO
 
AIRE
GASEOSO

El concepto de estos cuatro elementos primordiales fue mantenido durante siglos. Los egipcios y los árabes experimentaban y manipulaban sustancias en busca de combinaciones útiles para ramas tan diversas como la Medicina, los cosméticos, la metalurgia o el embalsamamiento.
En Europa, durante la Edad Media, los alquimistas fueron los herederos de esta tradición. La idea básica que manejaban era la de la transmutación. Esto implicaba la alteración de las proporciones de los cuatro elementos fundamentales presentes en una sustancia para obtener otra diferente.
Si bien la Alquimia, con su dosis de magia y sus métodos primitivos, estaba muy lejos de poder lograr su objetivo, permitió la producción y el reconocimiento de muchas nuevas sustancias (arsénico, cinc, bismuto, fósforo; los ácidos sulfúrico, nítrico y clorhídrico; las sales carbonato de sodio, sulfato de amonio y sulfato de sodio; etc.) y sentó las bases de lo que sería más tarde la experimentación química. Por otro lado, la idea de transmutar una sustancia en otra no era disparatada, y siglos más tarde los científicos modernos pudieron llevarla a cabo en sus laboratorios.


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